CARGANDO...







informacionesAccionesProyectosColaboráPublicacionesAudiosVideosEfeméridesBuscador

artículo


Colaborá!Enlace a MiPago

Utilizamos la plataforma Mipago de Banco Credicoop:

Logo a MiPago

Derecho a tener derechos.

Reconocer a niños y niñas como ciudadanos y ciudadanas, implica luchar para restituir esa condición de sujetos de derechos orientando nuestra práctica y articulaciones, en el tránsito de la necesidad al derecho, la solidaridad a la justicia y la demanda a la incidencia política.

Ilustrativas

CONSTRUIR CIUDADANÍA

implica recuperar la dimensión política de nuestras prácticas y experiencias y sirve para visualizar y evaluar nuestros vínculos con el Estado. A la vez que define los alcances de la inclusión, identifica a aquellos a los que incluye en calidad de sujetos de derecho, soberanos autónomos de la democracia.

La ciudadanía es un principio que nos habilita a poner en común un nuevo orden de preguntas, de temas y de tensiones. Instalada en el debate de cada vez más organizaciones sociales funciona como paradigma de inclusión social y eje de recuperación de la esencia igualitaria de la democracia.


ES PROMOVER PODER PARA PODER PROPONER.

ES APROPIARSE DEL ESPACIO PÚBLICO.

ES HACER MEMORIA Y HACER POLÍTICA.

ES EL DERECHO A TENER DERECHO


NIÑOS Y NIÑAS, CIUDADANOS PLENOS

Los sectores tradicionalmente más conservadores de nuestra sociedad, continúan interesados en sostener un discurso que coloca a la infancia en un territorio marginal. O bien la sitúa en el lugar de la incapacidad y la pasividad, o cerca de la pobreza, asociada a la peligrosidad, la criminalidad y la represión.

Comenzar a reconocer a niños y niñas como ciudadanos y ciudadanas, significa en primer lugar, visualizar, respetar y defender los derechos de los niños en sus relaciones sociales dentro de la familia, el grupo de amigos, la escuela, el club social, la organización local.

Y también implica luchar para redefinir y reconquistar la condición de sujetos de derecho de los chicos en sus relaciones políticas: el derecho a una vida digna, a la salud, educación e igualdad de oportunidades. La doctrina de la protección integral de la infancia -reflejada en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la nueva Ley nacional 26.061- es un gran paso para desplazar las concepciones perversas que han dominado históricamente su abordaje. Sin embargo, es sólo el primero del largo camino que los movimientos sociales tienen por delante en la construcción de ciudadanía de la infancia.

El futuro de la democracia está estrechamente vinculado al reconocimiento de los niños, niñas y adolescentes no como ciudadanos futuros, sino como ciudadanos del presente, con plenos derechos.

Esta nueva dimensión es una herramienta para interrogar nuestra práctica, revisar la estructura de nuestras organizaciones y el horizonte de nuestro trabajo con niños, niñas y adolescentes.

Si usamos la lupa de la ciudadanía para echar una mirada sobre la figura de los nuevos pobres de la década del noventa, niños, niñas y adolescentes en su mayoría, vemos que las desigualdades estructurales de la Argentina, reducen nuestra cualidad de sujetos de derecho a la vez que aumentan nuestra condición de:

OBJETOS DE REPRESIÓN POR PARTE DEL ESTADO O LA POLICÍA en tanto el control social de las consecuencias de la exclusión se enfrenta con violencia, injusticia y discriminación.

OBJETOS DE LA FEROCIDAD DEL MERCADO como consecuencia de decisiones y políticas económicas que contribuyen a acentuar la desigualdad

OBJETOS DE LA BENEFICENCIA aunque tanto mejor sería acabar con la exclusión, las prácticas están empedradas de buenas intenciones de la beneficiencia pública o privada.

OBJETOS DE CONSUMO en la medida que cada vez más los niños son visualizados como potenciales consumidores de productos comerciales que solamente son accesibles para una minoría

Como un nuevo lente, la noción de la ciudadanía es un instrumento que puede ayudarnos a enfocar la realidad para transitar las transformaciones necesarias:


Desde la NECESIDAD al DERECHO

Desde la PROMESA al PROYECTO

Desde la SOLIDARIDAD a la JUSTICIA

Desde la DEPENDENCIA a la AUTONOMIA

Desde la NOSTALGIA a la MEMORIA

Desde la BENEFICENCIA a la INCLUSION

Desde el CONTROL a la LIBERTAD

Desde la DEMANDA a la POLÍTICA

Hacer ciudadanía desde las organizaciones sociales, no es solamente aprender los derechos y deberes, es imaginar, desarrollar y exigir desde la misma esencia de nuestro trabajo y nuestras luchas un país en el cual todos estemos incluidos.

Los jóvenes, los ancianos y también los chicos

Los maestros y también los que no saben leer

Los clubes, las iglesias, la radio y el comedor infantil

Los argentinos y los extranjeros que viven en Argentina

Los oficialistas, los opositores y los indecisos

Los que sólo van a votar y los que van a todas las marchas

Los chicos en situación de calle y los que están bajo techo

Los que progresan y los que no han podido hacerlo


TEJER LA CIUDADANÍA

La ciudadanía es un lienzo cosido con la aguja de nuestras preguntas a partir de los hilos de nuestra historia como individuos y como colectivo. Un gran paño país teñido con los colores y el diseño de nuestros sueños y aspiraciones.

... Aprendimos que la democracia sin ciudadanía es como un trapo que no abriga, perforado por los agujeros de la exclusión y la miseria, por los que se cuelan nuestras demandas y luchas, nuestros derechos y los de nuestros chicos.
Más que buscar la definición exacta de una palabra -ciudadanía- les proponemos indagar sobre qué significa, a qué nos habilita nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas y qué implica construir ciudadanía en nuestras organizaciones.
La ciudadanía nos interpela sobre la cuestión del poder en nuestro trabajo. El poder de cambiar las cosas. En el reverso del tejido está la impotencia, que es poder que no ha sido usado.
La ciudadanía nos invita a hilar fino sobre el significado de ser sujetos de nuestra propia historia y protagonistas del destino de nuestro trabajo y al revés de la trama, nos muestra el sentido de articularnos con otros.
Habrá que remendar los agujeros. Buscar nuevos hilos que nos unan o nos tensiones y revivir los colores. Habrá que pensar en la medida de nuestro compromiso, hilvanar la memoria y, definitivamente, empezar a hilar fino con la cuestión política.


Hablar de construcción de ciudadanía es hablar de construcción de la democracia, porque el corazón de la democracia late al ritmo de la igualdad de derechos de los ciudadanos y de sus posibilidades reales de decidir, participar y desarrollarse. Sin embargo, la construcción de ciudadanía también representa una herramienta particularmente útil: para interpelar qué clase de democracia queremos para criticar democráticamente la democracia para redefinir las formas y propósitos de la participación.

En este sentido, construir ciudadanía es construir el poder necesario para cerrar las puertas de la exclusión social y la destrucción del Estado. El concepto de ciudadanía es un punto de partida para que la democracia recupere su sentido de igualdad en las oportunidades en educación, desarrollo de la vocación, salud, protección social para todos.

Y es también un punto de llegada para confirmar una equidad en los resultados. Más allá de los logros individuales de cada uno y aún teniendo oportunidades similares, la sociedad -representada en el Estado- debe garantizar la igualdad para asegurar la democracia y como sociedad en democracia tenemos que asumir nuestra parte en esto.

¿Debe hacerlo por caridad o solidaridad? No. El Estado está obligado a garantizar la igualdad para asegurar la democracia.


En Argentina, no sólo la dictadura sino también la voracidad de la década neoliberal, carcomieron y debilitaron el Estado democrático provocando un proceso de profunda desciudadanización: una violenta exclusión caracterizada por la pobreza y el desempleo estructural, la pérdida de proyección a futuro, la fragmentación social y la expulsión de la política pública, es decir, del proyecto de país.

Este panorama no sólo deja al margen a nuestros chicos, también fragiliza la representación y al fin, deslegitima el sistema democrático.

La noción de ciudadanía está fuertemente ligada al concepto de pertenencia a una comunidad que regula y materializa esta pertenencia en base a normas, derechos y deberes, y marca los contornos del vínculo entre el Estado y los individuos en base a criterios de inclusión. Esta perspectiva es importante si tenemos en cuenta que hay variedad de políticas sociales que brindan asistencia y alivian situaciones de pobreza, pero no necesariamente generan inclusión social, es decir: no generan derechos, aunque distribuyan beneficios y no acaban con la exclusión aunque calmen el hambre.

Ser ciudadanos significa tener plenos derechos, poder participar, generar propuestas y cambios, atrevernos a discutir, a cuestionar y a tomar partido en las decisiones clave del presente y futuro de nuestro país. La ciudadanía significa que todos los que vivimos acá contamos y tenemos los mismos derechos de vivir dignamente y participar.

Sujetos, es decir agarrados, amarrados colectivamente a reglas de juego comunes, y no a lo que le parece a cada uno o lo que más conviene a unos pocos, ni a las leyes ciegas y sordas del mercado. Sujetos de derechos significa que los chicos -y todos nosotros- merecemos estar atados a reglas de juego y leyes que nos protejan.

La construcción de ciudadanía es también sinónimo de participación activa en la comunidad y en los espacios políticos, con el propósito de:

Reconocer e incidir en las relaciones de poder, ejerciéndolo y construyéndolo con otros.

Generar identidades colectivas y pertenencias sociales, vínculos en los que reconocerse.

A la vez, la libertad y la posibilidad de interpelarnos mutuamente.

Reconocer y construir valores y proyectos comunes.


Una CIUDADANÍA ACTIVA CRÍTICA

Promueve la organización y participación en el ámbito público y político de una manera deliberada y junto con otros ciudadanos, en base a un convencimiento que el garante principal de los derechos y bienestar de la población es el Estado.

Es observando y analizando las realidades de nuestra sociedad, la calidad de sus democracias, las condiciones de inclusión y exclusión y la forma en que se reparten las oportunidades que podemos llenar de contenido propio, histórico y social, estos términos: una ciudadanía activa crítica, que se exprese normativa y sustantivamente.

Cabe preguntarnos cuáles son los pasos para mejorar nuestras formas de participación, cómo hacer el tránsito desde la democracia meramente delegativa, a una democracia donde la representación sea más efectiva y dinámica, más compleja y diversa, y se pueda combinar con instancias de participación y control más directos. Estas instancias, además, pueden propiciar la búsqueda de soluciones comunes a través de mecanismos de exigibilidad que buscan que las políticas de Estado se adecuen a pautas básicas de derechos humanos.

Dicho de otro modo, cómo evitamos entregar sin más, la suma completa del enorme poder que poseemos como ciudadanas y ciudadanos y cómo recuperamos la capacidad de participar para incidir cambiando las cosas.

CONSTRUIR CIUDADANÍA DE LA INFANCIA SIGNIFICA RECUPERAR LA DIMENSIÓN POLÍTICA DE NUESTRAS PRÁCTICAS.


CARTILLA 2 / EL DERECHO A TENER DERECHOS. LA CIUDADANIA DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES. Nociones de ciudadanía para pensar la realidad de la infancia. Democracia, derechos y participación. Los niños y jóvenes como ciudadanos plenos. Las políticas públicas como garantía de ejercicio de la ciudadanía. CAMPAÑA DE COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN POLÍTICAS PÚBLICAS PARA LA INFANCIA CIUDADANÍA DE NIÑOS Y JÓVENES. CENTRO NUEVA TIERRA. FORO ARGENTINO DE RADIOS COMUNITARIAS. UNICEF





ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 23/SEP/2022

ir a página inicial